Faustino Zapico

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Esti artículu ye del 08 Sep 2005, y ta dientro de la sección El Comercio, La Nueva España.

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Areces en el país de las maravillas

Vicente álberto Álvarez ArecesUn año más, llegamos al 8 de setiembre, día oficial de esta Asturies nuestra, que junto con la concentración político-sindical de Rodiezmo marca el inicio del curso político. No deja de sorprender que el día oficial asturiano sea una fiesta religiosa, ya que lo que se celebra el día 8 de setiembre no es la batalla de Covadonga, que no sabemos cuando tuvo lugar, sino la festividad religiosa de la virgen del mismo nombre. Superponiendo así la religión a la política, mezclando iglesia y estado, se generó una vez más una idea distorsionada de la identidad asturiana que no resulta muy apropiada para una idea de comunidad basada en un pasado y una identidad cultural comunes y una entidad política compartida, y no una misma fe religiosa, en un momento en que ésta pierde terreno a pasos agigantados entre la ciudadanía asturiana.

Pero en fin, aquí llega otro 8 de setiembre como todos los años, con romería institucional y discursos triunfalistas, donde el gobierno del Principado saca del baúl de los recuerdos los aspectos más externos de la identidad asturiana para después de la fiesta volver a guardarlos bajo siete llaves, que para eso dicen los jerifaltes de la FSA que el discurso identitario -solo el asturiano, eso sí- es muy peligroso. En realidad, el día de la Santina no es otra cosa que un escaparate del gobierno de turno para intentar vender sus presuntos logros y tapar las vergüenzas bajo una tonelada de cifras descontextualizadas y un manto de buen cinismo.

Oyendo un discurso del Presidente Areces, cualquiera diría que vivimos en el país de las maravillas, donde la tasa de actividad no es la más baja de España, la de paro de las más altas y donde la juventud no emigra, y donde el discurso político se centra en ver cuántas carreteras más se pueden construir a cuenta de los fondos mineros. Seguro que en esta ocasión el Presidente Areces no cita al SADEI, que acaba de sacar un estudio donde se afirma que Asturies recibe 1.189 millones de euros de más en prestaciones frente a las cotizaciones que realizamos, gracias a la política de tierra quemada de los años ochenta y noventa que liquidó los sectores tradicionales de la economía asturiana sin generar alternativas que los sustituyeran en la generación de riqueza y empleo. Tenemos así una economía subsidiada, inflada artificialmente, donde la clase político-empresario-sindical gestiona miles de millones de los fondos europeos en mantener una red de favores y concesiones que permiten mantener mayorías electorales año tras año, pero que no suponen en absoluto la creación de una Asturies productiva, capaz de mantener a sus hijos y acoger a los de fuera. Por eso muchos votan con los pies, emigrando, aunque este gobierno se negara a reconocerlo durante años y ahora, haciendo de la necesidad virtud, quieran presentarlo como un éxito de su política educativa. Vivir para ver.

Muchos son los cambios que necesita Asturies para recuperar su economía, su identidad y su autoestima. El cambio del marco político es una de las piezas fundamentales de este indispensable proceso de reactivación, y desde luego no va a venir de la mano de una reforma estatutaria de mínimos como la que pretende el PSOE, que después de pasar una legislatura jugando al gato y al ratón con el PP con este tema, deciden ambos ahora proceder a una reforma en unos pocos meses y perpetrar otro timo como en 1999, con la idea de que no nos enteremos de lo que están haciendo hasta que sea demasiado tarde. “Tira, que libras”, parece ser la eterna consigna. ¿Qué razones hay para negarle a Asturies lo que el PSOE defiende gustoso en Cataluña, Andalucía o en la vecina Galicia? ¿Es la FSA consciente de que dirige una comunidad histórica o cree estar al frente de una agencia de colocación? Ni siquiera va a haber reforma estatutaria porque lo decida la FSA, sino porque lo decidió el PSOE en Madrid. No porque convenga, sino porque toca. Por eso pasan de puntillas.

No todo tiene por qué ser así. El 8 de setiembre ha de ser una ocasión para la reflexión crítica sobre nuestro presente y sobre todo para definir cómo queremos que sea nuestro futuro. Para denunciar esta Asturies oficial de cartón piedra y atreverse no a soñar, sino a plantear en serio la vía para una Asturies productiva, solidaria, soberana y orgullosa de su identidad. Cada vez somos más los ciudadanos que preferimos construir el futuro que conformarnos con el presente de maravillas imaginarias de nuestro gobierno. Defender el presente imaginario o luchar por el futuro posible, esa es la cuestión, tanto el 8 de setiembre como después.

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