Faustino Zapico

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Esti artículu ye del 08 Sep 2010, y ta dientro de la sección La Nueva España.

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8 de septiembre: ¿Celebrando?

Vicente Álvarez Areces y l'Arzobiespu d'UvieoUn año más llega el 8 de septiembre, Día de Asturies, festividad de Covadonga, jornada feriada, inicio del curso político. Al margen de las dudas sobre la historicidad de la fecha, ya que no se celebra tanto la fecha de la histórica batalla de Covadonga, que no sabemos cuando fue, sino la jornada religiosa asociada a la Virgen, bien es cierto que cala en la mentalidad colectiva como una jornada de celebración de la identidad colectiva del pueblo asturiano, asociada esta a un acontecimiento que marca la Historia de nuestro pueblo.

Sin embargo, lo que tenía que ser una celebración de la identidad asturiana, de nuestro pasado colectivo y de nuestra cultura, se convierte, por obra y gracia del gobierno del principado, en una pantomima donde prima mucho más el autobombo que el escaparate de lo mejor de la industria cultural asturiana. Quizás la fobia que el presidente Areces le tiene a la cultura generada en lengua asturiana pese más que el sentido de la oportunidad.

Por otro lado, el 8 de septiembre viene siendo tradicionalmente no solo fecha de celebración sino también de protesta, porque realmente, ¿qué tiene Asturies que celebrar? Siguiendo como estamos en la cola del Estado tanto a nivel económico como de autogobierno, con empresas cerrando continuamente, muchas de ellas justo después de gastar las subvenciones a cuenta de fondos europeos; con recortes más que evidentes en sanidad y educación que en breve repercutirán en la calidad del servicio; con la subida continuada del paro y la precariedad; con la insistencia en proyectos faraónicos que consumen cantidades enormes de fondos y destrozan el medio pero que no garantizan ni empleo ni riqueza, como el superpuerto y la regasificadora del Musel o las líneas de alta tensión; con la espada de Damocles del fin de las ayudas al carbón mientras los responsables políticos que sabían perfectamente la que se avecinaba se hacen ahora cruces e intentan pasar por primeros sorprendidos. Bien cierto es que en esas condiciones poco hay que celebrar. Los trabajadores despedidos de Chupa-Chups  o Venturo XXI, los precarizados de la construcción u hostelería, los “recortados” en Educación o Sanidad, los jóvenes obligados a emigrar, los parados que no acaban de ver la luz al final del largo túnel de la recesión permanente… ¿tienen algo que celebrar?

El 8 de septiembre tiene que ser también una jornada de reflexión sobre la Asturies que tenemos y la Asturies que queremos, máxime en el inicio de un curso político como este, que va a culminar en un proceso electoral donde se van a elegir los responsables políticos de este país nuestro para los próximos años, los que quedan de recesión, los del fin de las ayudas europeas, los de la reforma estatutaria, los de la continuación de las obras inútiles y costosas, los de la muerte lenta de una identidad colectiva. Celebrar es hoy reivindicar, exigir soluciones, apostar por el cambio. Sino, a este paso, cada vez vamos a tener menos que festejar, ni el 8 de septiembre ni ningún otro día del año.

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